viernes. 09.12.2022

Hace casi seis décadas (1962) nacía la Política Agrícola Común (PAC), una de las columnas vertebrales de la Unión Europea (UE). Mucho ha cambiado desde entonces, y ahora Europa apuesta por el Pacto Verde, por una agricultura sostenible, más ecológica, más “limpia”: objetivos loables que, según el CEO de UPL para Europa Sur, Félix Lorente, no deberían lograrse a costa de horadar las necesidades de ese “diamante” que son los agricultores del Viejo Continente, cuyo futuro podría estar en peligro por un excesivo celo regulatorio de las autoridades de Bruselas.

 

En ese sentido, Lorente explica que el reto pasa por conjugar de la manera más equilibrada posible los objetivos delineados en esa “hoja de ruta verde” de la UE con las necesidades cotidianas del sector.

 

“Tenemos muy claro que debemos enfocarnos en el camino que marca el Pacto Verde, la Agenda 2030. Y también en la estrategia De la Granja a la Mesa, con el objetivo final de que el 25% de la superficie agrícola de la UE tiene que ser orgánica en el 2030”, explica Lorente.

 

¿Es el actual marco regulatorio de la UE un instrumento excesivamente rígido?

Como todos saben, la naturaleza intrínseca de la UE conlleva una constelación regulatoria que es, en muchos casos, compleja de entender. En muchas ocasiones no permite a las empresas fitosanitarias promover la venta de productos químicos. Además, por otra parte, las sociedades europeas están presionando mucho con el asunto de los pesticidas convencionales. Con todo eso, se abre una gran oportunidad para las biosoluciones. 

 

La palabra “sostenibilidad” en agricultura se usa mucho, y a veces se abusa del término, pero ¿cómo debemos entenderla desde su punto de vista?

Nosotros entendemos la sostenibilidad desde un punto de vista claramente medioambiental. Apostamos por dejar un planeta mejor para nuestros hijos, pero tampoco podemos olvidar que esa sostenibilidad debe ser también socialmente justa y económicamente viable, si no fuera así, la actividad agrícola tendría un futuro incierto.

Dos de cada tres productos fitosanitarios de síntesis química van a desaparecer en breve. No van a ser renovados por la UE debido a los nuevos criterios regulatorios tan estrictos que se imponen en Europa. El mercado de protección de cultivos en Europa se realizará con el tercio de productos que sobrevivan, y con el mercado de productos biológicos y sostenibles que se incrementará, según nuestra estimación, en un 20% anual. Todo esto combinado con un amplio proceso de transformación y digitalización de las empresas. Y por supuesto la captura de carbono en la actividad agrícola.

 

¿Estamos asistiendo a un cambio radical de paradigma, cómo se preparan para asumir ese reto climático (con la disminución de emisiones contaminantes)?

Actualmente, se habla mucho de energía eólica, de energía solar, pero la agricultura es una actividad que, intrínsecamente, si se hace bien, puede ser una gran herramienta para capturar CO2, y en eso estamos. Trabajamos para firmar acuerdos con productores para  impulsar una mejora en las prácticas agrícolas de cara a lograr ese objetivo.

Hoy en día en el sur de Europa, el 29% de nuestros productos son sostenibles, y la mayoría de ellos tienen certificado orgánico. Nuestro objetivo sería llegar a 2040 con un 60% de productos exclusivamente “bio”.

 

Es una transición profunda, como pasar del coche de combustión al vehículo eléctrico, que es el futuro, si me permite el ejemplo.

Sin duda. Lo cierto es que estamos viviendo una etapa emocionante en el sector de la agricultura. La agricultura entendida como un trabajador que hace su esforzada labor a diario, es un concepto que va a ir desapareciendo. Se va a hablar de productores a escala mundial. Van a ser personas con mucha tecnología y muy preparados. Los jóvenes nos están enseñando a todos cómo hacer las cosas de manera más eficaz, y nuestra obligación es trabajar para adaptar nuestras estructuras con nuevos equipos, que tengan las mejores destrezas que nos permitan ser más digitales, más biológicos, mucho más sostenibles.

 

Pero, igual que ustedes defienden sus puntos de vista, hay que entender que otros lo hagan también…

Por supuesto. Pero es una realidad tangible que el entorno regulatorio de la UE es muy denso, e influenciable. Hay varios organismos, entre ellos ONG, que hacen presión para defender sus intereses, y es legítimo, por supuesto, pero los criterios científicos deberían prevalecer sobre los intereses políticos en algo tan sensible como es la alimentación. Lo que nosotros defendemos es que las decisiones que se tomen en Bruselas respeten una base científica y solicitaría a todos los “stakeholders” que no juguemos a la desinformación. Sé que para el señor Janusz Wojciechowski (el comisario de Agricultura de la UE) y para Bruselas no es fácil, y que tendrán que contemplar múltiples intereses, pero si tuviese que lanzar un mensaje hoy por hoy a las autoridades europeas sería que valoraran la agricultura como la actividad que nos da de comer todos los días.

 

¿Qué importa más: la sostenibilidad verde o la viabilidad del sector a largo plazo?

Tenemos que buscar un equilibrio. Por supuesto que el Pacto Verde  es esencial. Tenemos la obligación moral de entregar a nuestros hijos el planeta en las mismas condiciones, o si es posible mucho mejor, pero no ir más allá, porque les estaríamos quitando el futuro. La sostenibilidad no está cuestionada. Pero también tenemos el deber de pensar desde una óptica económica y social. Si perdemos la soberanía alimentaria las consecuencias pueden ser dramáticas en poco tiempo.

 

¿Cómo ven la nueva y la futura PAC?

A nosotros la nueva PAC nos gusta menos que la que había anteriormente, ya que conlleva una reducción de fondos. En este momento, ser agricultor en un país como España con todas las reglas de producción que existen, es francamente difícil. Hay cultivos que si no recibieran las ayudas de la PAC no subsistirían.

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