domingo. 02.10.2022

La condena de Sísifo o cuánta auténtica felicidad podrás soportar

La parte emocional del binomio humano formado por razón y sentimiento, es cada día emboscado por la corriente psicológica del pensamiento positivo. Se nos fuerza en nuestra vida personal y profesional a darnos un atracón de sentimientos positivos “azucarados” a golpe de eslóganes comerciales repetitivos y facilones, escritos con grafías simpaticonas y colores resultones, e ilustrados con dibujos intencionadamente infantilizados y mimosos, que nos invitan a través del merchandising a pensar que “No hay viaje más bonito que la vida”; “La felicidad está en el interior”; “Cualquier día puede ser el tuyo, así que sonríele”; o “Deja de darle vueltas a todo y sonríe”.

 

Como reacción, nació su antónimo, que clama en tono jocoso “me tenéis hasta los coj…”. Pero lo realmente inquietante (bromas aparte) es que los expertos llevan años advirtiendo de los riesgos que este estado constante de búsqueda de la felicidad puede comportar para la salud física y mental de las personas.

 

Social, política y económicamente vivimos en una dictadura de la felicidad. La socióloga Eva Illouz y el psicólogo Edgar Cabanas lo llaman Happycracia (2019 Paidós) y se preguntan si no es un intento para convencernos que tanto la felicidad como la tristeza “son únicamente responsabilidad nuestra”. En esta misma línea la ensayista y activista social Barbara Ehrenreich nos advierte de la trampa de este pensamiento positivo en su libro “Sonríe o muere” (2018 Turner Publicaciones).

 

La crisis sanitaria global que nos ha golpeado y que a su vez ha traído consigo la ruptura con el paradigma clásico de que “el presencialismo es la única forma efectiva para que se presta el trabajo”, ha sido el caldo de cultivo perfecto para hacer germinar una poscultura pandémica de “bienestar emocional corporativo” con la que se pretende vincular a la lógica empresarial con el bienestar emocional de las personas trabajadores, persiguiendo con ello que su serotonina se mantengan en niveles aceptables, para evitar la quiebra de la idea de que a empleados felices, empresas productivas, en un intento por hacerles olvidar que lo que realmente importa en primer lugar es tener cubiertos los básicos en cualquier relación laboral.

 

Así lo refleja Thom James Carter en su artículo del pasado 06 de Marzo de 2021 para la publicación “Currents Affairs” donde bajo el título “Corporate Mindfulness Programs Are an Abomination” (Los programas de mindfulness corporativo son abominables), señala que este tipo de programas son “una nueva cortina de humo para que, una vez más, las empresas del tardocapitalismo hagan lo que hacen mejor: poner sus beneficios por encima de las personas”, en vez de “proporcionar a los empleados condiciones de trabajo o beneficios decentes, las empresas estadounidenses sugieren que mediten en su lugar”.

 

LA FELICIDAD POR LA FELICIDAD EN EL TRABAJO GENERA HIPOCONDRÍACOS EMOCIONALES

Cada vez son más las organizaciones que no son ajenas a esta línea de pensamiento positivo, lanzando a sus áreas de RRHH en busca del santo grial de la felicidad, capitaneados por gurús que predican que sin felicidad no hay productividad. 

 

Se trabaja desde fórmulas continuistas de positivismo rancio, en las que se da por sentado, que la persona trabajadora desea sin lugar a dudas, contar con colegas y jefes que reafirmen su autoestima de manera constante cada día con frases del estilo “Nuestro equipo está feliz de tenerte”; que la sonrisa es la única forma de crear un gran lugar de trabajo, porque transmite alegría, por eso “sonríe a todas las personas que te cruces y observa la magia que esto crea a tu alrededor”; o convierte la celebración de éxitos grandes o pequeños en el centro de las políticas de gestión de las personas, festéjalos con palmas y recuerda poner una estrella en la pizarra de objetivos cumplidos, ello generará “vibras positivas” que invadirán todo el espacio.

 

Todos son consejos de una web real dedicada a analizar las políticas de gestión de personas.

 

Sientes rubor al ver los cimientos paternalistas sobre los que las empresas construyen un falso paraíso de eterna felicidad y libertad para sus personas trabajadoras. Son gigantes con pies de barro, cuya estabilidad depende de algo tan volátil como es la discrecionalidad de la Dirección, la cual no está sometida a marco regulatorio alguno. Por eso cuando el conflicto estalla, la dirección tacha de “malcriados” a unas personas a las que se ha cebado de felicidad hasta la saciedad, y los supuestos “malcriados” tachan de dictatorial al nuevo estilo de liderazgo, nacido de la lógica necesidad autorregulatoria de cualquier organización.  

 

Por eso ni modas pasajeras de pensamiento positivo; ni mantras de autoconfianza; ni mensajes de tarta de fresa; ni chuches flor de un día; ni parques de juegos; ni salones recreativos... se ha potenciado tanto la felicidad como la “purga Benito” de todos los males de las organizaciones, que se olvida la cara B del disco: la frustración, la desmotivación y la culpabilidad de la persona trabajadora que cree no haberla alcanzado, a pesar de tanto detalle.

 

Felicidad en el trabajo sí, pero elegida libremente. Sólo así evitaremos generar equipos de trabajo formados por “hipocondriacos emocionales”, personas que pasarán más tiempo chequeando sus emociones para verificar que se realidad se corresponde con ese ideal o fantasía de felicidad creada por la organización, hasta el punto de pensar que están desalineados con la cultura predicada en el seno de su equipo de trabajo cuando sientan tristeza o rabia, emociones que catalogarán como patológicas y que de persistir, les harán cuestionarse su continuidad en la empresa, porque no son igual de felices que el resto de la organización.   

 

FRENTE AL FANATISMO EMOCIONAL, RR HH DEBE GESTIONAR TODAS LAS EMOCIONES, NO ANULARLAS

Frente a la incertidumbre, la ambigüedad y la volatilidad que nos rodea, la mejor receta para la felicidad de las personas trabajadoras, es liderar desde la proactividad a los equipos, para favorecer su empoderamiento, motivación y autonomía. Hay que gestionar conforme a los nuevos tiempos, proporcionando feedback en entornos colaborativos, sustituyendo supervisión por confianza, y dando voz y capacidad de decisión. 

 

Quieres de verdad marcar una senda para la felicidad, empieza por cuidar las condiciones laborales; ofrece servicios de valor añadido que impacten sobre el colectivo de forma equitativa; trabajar la Pirámide desde la base; ten en cuenta la diversidad generacional que se da cita en el seno de las organizaciones y sus diferentes concepciones de lo que les motiva en el trabajo; son las claves que se olvidan cuando lo único que se tiene en mente es realizar acciones lúdicas periódicas para cohesionar a individuos ya de por sí desmotivamos y frustrados, condenándolos a una travesía por el desierto entre celebración y celebración de la alegría.

 

Quieres de verdad facilitar herramientas a tus equipos para que alcance su autorrealización a través del trabajo, permíteles que puedan decidir qué trabajo a va a llevar a cabo y de qué manera va a abordarlo; potencia e incentiva su afán por aprender y crecer de forma constante; y trasládales con exactitud cómo sus cometidos y aportaciones impactan en los objetivos del equipo del que forman parte y por extensión de toda la organización en su conjunto; conciéncialos sobre cómo sus acciones individuales redundan en beneficio del grupo.

 

CUBRE SUS BÁSICOS LABORALES Y ATIENDE SUS DEMANDAS; PERO NO LES OBLIGES A SER FELICES. ¿QUIÉN ERES TU PARA DECIDIR SOBRE SU FELICIDAD?

Causa estupor ver como ciertos “coach” catalogan lo que es de verdad la felicidad (auténtica, por ejemplo), arrogándose con ello la supremacía a la hora de decidir por los demás cómo ser feliz, porque o sigues sus dictados o te espera la infelicidad eterna, en una especie de nuevo “fanatismo emocional empresarial”. Reivindiquemos el derecho de la persona a estar desmotivada, frustrada y triste, si así quiere estar, y trabajemos desde RRHH para gestionar estos sentimientos tan legítimos y necesarios como la propia felicidad. 

 

Cada uno es libre de elegir cómo ser feliz. La empresa no es el lugar donde profesar, educar o adoctrinar acerca de un estilo de vida o la adquisición de ciertos hábitos que corresponden al libre albedrío de la persona.

 

Es propio de las "sectas" el querer imponer su pensamiento, a toda costa y desde una perspectiva de lucha contra otros pensamientos. Mediante la proclamación de medidas, prácticas educativas y de propaganda pretenden inculcar sus valores y forma de pensar en los sujetos a los que van dirigidas.

 

La felicidad en la empresa no puedo convertirse en el castigo que los dioses de la antigua Grecia impusieron a Sísifo, hijo de Eolo y Enareta, quien debía empujar cuesta arriba una piedra, la cual antes de llegar a la cima, volvía a rodar hacia abajo, repitiendo una y otra vez este frustrante y absurdo proceso sin fín.

 

La condena de Sísifo o cuánta auténtica felicidad podrás soportar
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