jueves. 11.08.2022

No hay trabajo cooperativo sin tecnología colaborativa

En esta nueva concepción del trabajo, la tecnología es aquella ayuda necesaria para continuar dando prioridad al factor humano.
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La transformación digital está presente en la vida de nuestras empresas.

La transformación digital ha puesto de manifiesto que, para transitar de manera exitosa por ella, se requiere que las empresas fomenten la innovación en los equipos; otorguen a la persona una mayor libertad en sus cometidos; y propicien entornos cooperativos de trabajo para brindar un soporte eficaz a los objetivos del negocio. 

Hay tres axiomas innegables respecto de esta nueva concepción del trabajo cooperativo…

El primero: “No siempre es sencillo llevar a cabo un trabajo en grupo”. Mucho menos en entornos 100% remotos o en modelos hibrido / mixto en los que pueden coincidir en el mismo momento personas en régimen de presencialidad con compañeros trabajando a distancia.

El segundo: “La falta de habilidades para el trabajo colaborativo sigue siendo un hándicap hoy en día”. Es necesario entrenar a las personas para que aprendan a trabajar colaborativamente con el objetivo de enseñarles a contribuir y compartir sus conocimientos, sus propuestas y sus críticas de forma libre, al objeto de ayudar a detectar nuevas palancas u oportunidades de crecimiento.

Olvidar incluir en la construcción del “Business Case” del cambio a los entornos colaborativos de trabajo; dejará cojo el mapa de las competencias y habilidades necesarias para afrontar con garantías este nuevo escenario, lo que a la larga restará eficacia al motor de la organización para cumplir con las metas marcadas.

El tercero: “Aunque la colaboración siempre ha sido fundamental para el trabajo, en la era de la transformación digital lo es aún más, donde el “time to market” reduce los tiempos óptimos para obtener ventajas competitivas en el mercado”.

La experiencia que la compañía sea capaz de dar al cliente es clave para su supervivencia. Su crecimiento depende tanto del volumen de ventas; el margen de beneficio; cómo de la forma en la que trabaja para dar la mejor experiencia al cliente, anticipándose a sus problemas con soluciones o sus próximas demandas o necesidades.

No existe, en consecuencia, un equipo modelo único omnicomprensivo; sino que hay tantas composiciones como problemas existen para el cliente. Tienen cabida perfiles tan heterogéneos en backgrounds y experiencia como soluciones se pretendan alcanzar.

La realidad laboral nacida con el final de la crisis ha polarizado a las empresas entre aquellas que apuestan con firmeza por seguir trabajando colaborativamente sin importar el dónde, apoyándose para ello en la tecnología; de aquellas que prefieren retornar a sus antiguas jerarquías verticales presencialistas y controladoras con las que se ahoga cualquier esperanza de mejorar la implicación, el empoderamiento, la motivación y la responsabilidad de sus personas, siendo de este modo incapaces de fidelizar el talento y de asegurar su propia supervivencia al perder lo que realmente genera la experiencia del cliente y su valor diferencial:

La creatividad y la innovación que nace de las personas.

El trabajo cooperativo está indisolublemente unido a una serie de herramientas tecnológicas que lo optimiza y al tiempo rompe con los silos de información de las organizaciones, ya que con ellas:

Se potencia la colaboración y la co-creación.

Se simplifican procesos y se potencia la productividad.

Se hace más visible la evolución de los proyectos.

Se adquiere feedback inmediato, de forma ordenada y cronológica.

Se agiliza la resolución de problemas y la toma de decisiones

Se promueve la innovación gracias al intercambio de ideas.

Se reduce el tiempo que los miembros del equipo de trabajo tienen que invertir en realizar tareas innecesarias, al permitirles asignar y gestionar tareas en un solo lugar, facilitando la visualización del status de cada proyecto.

Se permite el tratamiento agregado de los datos recibidos de distintas fuentes para realizar análisis predictivos, que faciliten la toma de decisiones estratégicas reduciendo el umbral de error.

La tecnología ha contribuido a hacernos más fácil nuestro día a día, permitiéndonos crecer más y más rápido eludiendo las fricciones de este crecimiento (escalabilidad); y al tiempo ser más eficientes y productivos; pero también nos obliga a afrontar nuevos retos y desafíos provenientes de una eventual sobrecarga colaborativa al existir perfiles que sean más requeridos que otros; de una pérdida de seguridad a consecuencia de la aparición de nuevos riesgos vinculados a la ciberseguridad; de una confusión en el liderazgo a tratarse de un liderazgo en grupo; o de una invasión en la vida personal al permitir los entornos colaborativos trabajar en cualquier momento y desde cualquier lugar.

En esta nueva concepción del trabajo, la tecnología es aquella ayuda necesaria para continuar dando prioridad al factor humano.

No hay trabajo cooperativo sin tecnología colaborativa
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