jueves. 04.06.2026

Crecimiento empresarial: inversión e innovación antifrágil

Me centraré en las empresas emergentes basadas en ciencia de vanguardia, las Deep Tech.
Joaquín Gómez Moya, presidente y fundador de Viva in Vitro.
Joaquín Gómez Moya, presidente y fundador de Viva in Vitro.

La métrica definitiva de la innovación no es el paper publicado, ni el hito técnico conseguido: es el cliente que paga. Esta relación de creación de valor se mantiene de modo viable por el crecimiento empresarial. Con esta idea en mente me centraré en las empresas emergentes basadas en ciencia de vanguardia, las Deep Tech.

Ni una patente es una tecnología, ni una tecnología es una empresa

Hay que tenerlo presente para entender qué empresas se alzarán como líderes. Investigar es producir nuevo conocimiento científico. La innovación enraizada en ciencia tiene más probabilidades de mejorar sustancialmente la vida de la gente. En Murcia contamos con investigadores en el 1% mundial más influyente de su campo como Pablo Pelegrín, subdirector del IMIB. Sus descubrimientos sobre la biología de la inflamación en sepsis nos condujeron, por su potencial de mercado, a fundar la empresa Viva In Vitro Diagnostics. La investigación es imprescindible para propulsar la creación de campeones industriales, pero, por sí sola, no salva vidas ni genera retornos.

El desarrollo tecnológico es el segundo escalón: aplicar ese conocimiento a un campo clínico o industrial que nunca se ha construido antes. En Viva hacemos cada semestre ensayos avanzados para medir biomarcadores inmunes en sepsis para mejorar la toma de decisiones clínicas que solo un ramillete de empresas en todo el mundo estamos intentando. Valioso, pero no es innovar.

Innovar es completar el ciclo. Que ese resultado llegue a la cama del paciente. Al mercado. Que sea usable en entornos reales, fabricable a escala y rentable por margen, atractivo por precio y marca. Para ello, introducimos criterios de industrialización, certificación y acceso a mercado. A continuación, establecemos alianzas para validación clínica. Finalmente, un marketing que sitúe el producto en el lugar y momento adecuados. ¿Quiénes son los nuevos campeones en cada sector? Los que cierran este ciclo con rapidez y con rigor.

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Las Deep Tech no solo atraen talento: lo crean

En una Deep Tech el reto del directivo es, sobre todo, crear talento y construir equipo. Cada incorporación se enfrenta a problemas complejos que forjan saber hacer y competencias de alto nivel. Como la mortalidad antes de llegar al mercado es superior al 60%, la inversión privada aprendió a pensar en términos de portafolios diversificados. Si bien, esa misma atrición devuelve al entorno el talento creado. Se ha demostrado (Xu et al., 2022) que, cuando esta concentración de talento alcanza masa crítica, tiene un efecto multiplicador directo sobre la eficiencia de la estructura industrial.

Capital y entorno regulatorio, asignatura pendiente.

Entendamos el informe Draghi. Nuestra inversión en sectores estratégicos sigue un orden de magnitud por debajo de la de China y Estados Unidos. McKinsey estima que, entre 2003 y 2024, la TIR neta del

capital riesgo en Deep Tech fue del 17%: un 70% por encima del capital riesgo en las demás tecnologías. La Comisión Europea ha empezado a redimensionar instrumentos dentro de Horizon como el European Innovation Council—y el BEI se está alineando. Es un avance.

No basta: el entorno debe permitir que empresas y fondos hagan crecer campeones industriales. Esto exige un esquema de incentivos más favorable y menos fricción para escalar, reducir complejidad administrativa y una fiscalidad que no penalice las operaciones corporativas que impulsan el crecimiento.

Junto a lo anterior, nuestro sistema de inversión en estos nuevos activos necesita más escala y más velocidad. Dos tareas: Por un lado, fondos mejor dimensionados, para evitar el estrangulamiento del crecimiento (un riesgo para regiones como Murcia); y más perfiles ‘híbridos’, capaces de convertir ciencia en negocio: identificar activos, estructurar y ejecutar por hitos, con retornos más rápidos.

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IA y antifragilidad como imperativos estratégicos

No existe un futuro en el que no usemos la inteligencia artificial masivamente. Cuando surge nuevo conocimiento con aplicación técnica, la única elección real es quién lo aprovecha antes, quién completará primero aquel ciclo de innovación eficazmente.

En biomédicas y biofarmacéuticas, las herramientas basadas en IA se incorporaron hace tiempo con naturalidad. A esa base se han sumado los grandes modelos de lenguaje. Ha acentuado un fenómeno recurrente, el ‘efecto iceberg’: bajo una experiencia de uso aparentemente simple se apilan capas de complejidad técnica: las tecnologías ganadoras son simples de utilizar; en casa, en la empresa y, con más motivo, en el hospital. Cuando se integra bien, la IA no solo automatiza: afina procesos y ensancha la ventaja competitiva.

Como cuando pasamos del bronce al hierro, el efecto agregado del desarrollo de herramientas basadas en IA para la economía sobrepasará el de la mera ventaja comparativa en términos de comercio internacional: establecerá ventajas geoestratégicas.

En definitiva, hablamos de organizaciones, de ecosistemas industriales y de portafolios de inversiones antifrágiles, que crecen con la adversidad convirtiendo problemas inéditos en ventaja competitiva. ¿Es el caso de Murcia?

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Murcia

La principal debilidad sigue siendo la dimensión. Empero, paso a paso, la cultura técnica y empresarial del Sureste de España ha construido un liderazgo exportador agroalimentario propulsado por la primacía mundial en eficiencia de la gestión hídrica (la aridez convertida en una fortaleza). Asimismo, la excelencia organizacional y clínica del Hospital Virgen de la Arrixaca le ha puesto a la cabeza de los trasplantes de órganos en España. Entretanto, el crecimiento en inversión biotecnológica cuadruplica la media nacional, según los últimos datos del INE, en un proceso que tiene paralelismos en la industria de Defensa.

Este crecimiento con entrada en sectores emergentes de alto valor añadido abre oportunidades para la empresa: alianzas, adquisiciones y un acceso más rápido a tecnología diferencial. El efecto clúster y el efecto país también pesan: a igualdad de métricas, la localización mueve múltiplos. Con gobernanza e inversión, el Deep Tech puede dar al eje Murcia–Cartagena posicionamiento y visibilidad en la red de clústeres europeos, y acelerar retornos.

Crecimiento empresarial: inversión e innovación antifrágil