La gestión de la tesorería: un pilar estratégico en la empresa
La tesorería no solo debe gestionarse como una función operativa, sino como un aspecto clave y estratégico. Al fin y al cabo, la mayoría de las decisiones que se toman en el plano estratégico tienen una repercusión directa en ella. Para entender mejor cómo se articula esta influencia, conviene dividir la tesorería en tres grandes bloques: explotación, inversión y financiación.
La tesorería de explotación está directamente relacionada con el ciclo operativo de la empresa, es decir, con la liquidez que se invierte en el día a día. Este nivel de inversión se mide a través de las llamadas Necesidades Operativas de Fondos (NOFs). Cuanta más liquidez se destine a las NOFs, menos recursos quedarán disponibles para invertir o devolver financiación. ¿Qué decisiones afectan a estas necesidades?
Las políticas de cobro, por ejemplo, tienen un impacto directo: cuanto más tarde se cobre, mayor será la inversión en cuentas por cobrar. Las políticas de pago también influyen: si se paga antes, se reduce la financiación obtenida a través de proveedores y acreedores. Y las políticas de inventario no se quedan atrás: a mayor volumen de inventario, mayor será la liquidez inmovilizada. Estas decisiones, además, influyen en otras como las de fabricación y venta.
Como puede verse, son muchas las decisiones estratégicas que inciden directamente en la tesorería. Una gestión deficiente en estos aspectos puede provocar que el ciclo de explotación absorba una cantidad excesiva de liquidez, generando tensiones de tesorería e incluso problemas de solvencia si no se corrigen a corto plazo.
En cuanto a la tesorería de inversión, no todas las decisiones tienen el mismo impacto. No es lo mismo invertir en un bien afecto a la actividad —que permite fabricar productos o prestar servicios que se venden y se cobran— que hacerlo en un activo inmobiliario sin rentas. También es fundamental considerar la rapidez con la que una inversión puede convertirse en liquidez. Las decisiones sobre qué tipo de activos adquirir y cuánto invertir en ellos son claramente determinantes para la posición de tesorería de la empresa.
La tesorería de financiación plantea otro tipo de decisiones: ¿a qué tipo de financiación acudir y en qué momento? Un préstamo a largo plazo, por ejemplo, mejora la liquidez en el momento de su concesión, pero la reduce en el futuro cuando haya que devolverlo. También hay que tener en cuenta otros movimientos: las ampliaciones de capital y el cobro de subvenciones aportan liquidez, mientras que el reparto de dividendos la detrae.
Otro concepto clave cuando se habla de tesorería estratégica es la diferencia entre generación de liquidez y posición de liquidez. Es habitual encontrar empresas que generan liquidez —sus cobros de explotación superan a sus pagos— y, sin embargo, sufren tensiones de tesorería que dificultan su funcionamiento. ¿Cómo se explica este aspecto?
La respuesta suele estar en decisiones mal tomadas o en la falta de control financiero. La liquidez generada puede estar atrapada en clientes que pagan cada vez más tarde o en inventarios que crecen de forma desproporcionada respecto a las ventas. También puede deberse a una financiación inadecuada de las inversiones: financiar activos que serán líquidos en diez años con préstamos a cinco, o incluso con una tesorería que no se tiene realmente, aunque en un momento puntual parezca que sí. La sobreinversión es otra causa frecuente que puede provocar tensiones de tesorería.
En definitiva, la clave para mantener una buena posición de tesorería está en tomar decisiones acertadas en explotación, inversión y financiación, partiendo de una generación de caja determinada y alineada con los objetivos financieros de la empresa. Y lo más importante: estas decisiones deben revisarse mensualmente. Lo que funcionaba hace unos meses puede no ser válido hoy, ya sea por cambios en la generación de caja o por cambios en los objetivos respecto a la posición de tesorería. Las decisiones en tesorería irán moldeando la posición de tesorería óptima para la empresa acorde con sus objetivos estratégicos. Si se producen cambios en la generación de caja y/o en la posición de tesorería óptima necesariamente, se tendrán que tomar decisiones o de lo contrario no se cumplirán los objetivos de la empresa provocando, tensiones o excesos improductivos de tesorería. Si el control se hace mensualmente será sencillo corregir desviaciones.