jueves. 04.06.2026

China y la geopolítica de las tierras raras

Son un pilar fundamental en la transición energética y en la industria tecnológica global y China domina este mercado: produce el 70% de estas materias primas y controla alrededor del 90% de su procesamiento.
Imagen generada por IA. (AAC)
Imagen generada por IA. (AAC)

Durante más de quince años, China ha ido mostrando señales claras de su intención de convertir partes clave de la cadena de suministro global en armas estratégicas. Apoyándose en los controles de exportación estadounidenses, que Pekín interpreta como mecanismos para frenar su ascenso, el gigante asiático ha ido construyendo su propio sistema de restricciones con un nivel de sofisticación cada vez mayor. Lo que comenzó como una política defensiva ha evolucionado hacia una herramienta ofensiva en el tablero de la guerra comercial.

Las tierras raras, un grupo de 17 elementos químicos esenciales para la fabricación de motores eléctricos, turbinas eólicas, electrónica avanzada y sistemas de armas, son un pilar fundamental en la transición energética y en la industria tecnológica global y China domina este mercado: produce el 70% de estas materias primas y controla alrededor del 90% de su procesamiento.

Desde abril de 2025, Pekín ha endurecido los controles sobre varios tipos de tierras raras, obligando a que cada exportación requiera una licencia oficial. Aunque estas restricciones se enmarcan en un contexto más amplio de represalias comerciales, su aplicación global y su selectividad apuntan a un objetivo más estratégico: aumentar la capacidad de presión sobre países como Estados Unidos, Japón y la Unión Europea.

A diferencia de las sanciones amplias que caracterizan a las políticas de Washington, el sistema chino de licencias de exportación permite aplicaciones puntuales o totales, siendo utilizado por Pekín como herramienta de disuasión.

La reciente llamada entre Donald Trump y Xi Jinping, que abordó específicamente los imanes de tierras raras, evidencia el nivel de presión que China puede ejercer con este mecanismo y la realidad es que las aprobaciones siguen siendo lentas, opacas y selectivas. Según datos de la industria europea, solo se ha aprobado una cuarta parte de las solicitudes desde abril.

Las consecuencias de esta política no se han hecho esperar. Varias plantas de proveedores automovilísticos europeos han tenido que cesar temporalmente su producción por falta de materiales. En Alemania, uno de los países más afectados, los datos aduaneros revelan que las importaciones de imanes de tierras raras desde China se redujeron a la mitad en solo un mes. En Estados Unidos, las empresas están pagando hasta siete veces más por el mismo material, cuando logran conseguirlo.

La Asociación Europea de Proveedores de Automoción (CLEPA) ha alertado sobre interrupciones graves en la cadena de suministro, y la Comisión Europea ya ha trasladado su preocupación a Pekín. Maros Sefcovic, comisario europeo, ha solicitado un sistema más ágil, con licencias anuales en lugar de permisos individuales por envío, para evitar el colapso de sectores industriales clave.

Más allá del efecto económico inmediato, el nuevo sistema chino otorga a Pekín una ventaja geoestratégica sutil pero poderosa: acceso sin precedentes a la estructura interna de las cadenas de suministro globales. Cada empresa que solicita una licencia debe justificar el uso final del material, aportar datos técnicos, y en algunos casos incluso compartir fotos de sus instalaciones o detalles sensibles de propiedad intelectual.

Este control permite a China identificar puntos vulnerables, entender cómo y dónde se utilizan sus recursos, y eventualmente condicionar la capacidad de sus rivales de desarrollar productos estratégicos, desde vehículos eléctricos hasta aviones de combate. Este conocimiento otorga una forma de poder silenciosa pero muy eficaz en la competencia tecnológica y militar global.

La utilización estratégica de las tierras raras no es una novedad improvisada. En 1992, Deng Xiaoping ya apuntaba que "el Oriente Medio tiene petróleo; China tiene tierras raras". En 2010, Pekín bloqueó temporalmente las exportaciones a Japón tras una disputa territorial, marcando el inicio de una estrategia más agresiva.

La Ley de Control de Exportaciones de 2020 amplió aún más el alcance de estas medidas, incluyendo no solo materiales críticos, sino también datos y tecnología. Desde entonces, China ha impuesto restricciones sobre minerales clave como el galio, el germanio y el grafito, todos fundamentales para la tecnología verde y la de defensa.

China ha invertido miles de millones de dólares en consolidar su liderazgo en este campo. Ha creado un ecosistema industrial altamente integrado que le permite no solo extraer, sino también refinar, procesar y aplicar estos materiales en productos de alta tecnología, reduciendo su dependencia de proveedores externos y aumentando su resiliencia frente a presiones externas.

La reacción en EE. UU. y Europa ha sido dispar. Washington ha tratado de reactivar minas propias y diversificar proveedores, pero el proceso es costoso y lento. Mientras tanto, el dominio chino sigue siendo prácticamente total en el refinado y procesamiento, etapas críticas que no se pueden sustituir fácilmente.

La Comisión Europea, por su parte, ha incluido los minerales críticos en su agenda estratégica y busca acuerdos con países africanos y latinoamericanos, aunque sin resultados tangibles a corto plazo. Los lobbies industriales alertan de una situación insostenible, con fábricas en riesgo de parón y escalada de precios que podría repercutir en el consumidor final.

El enfrentamiento no se limita a los minerales. La guerra tecnológica entre Estados Unidos y China también ha escalado, con vetos a chips avanzados, restricciones a empresas como Huawei y batallas legales por propiedad intelectual. En este contexto, las tierras raras se han convertido en una moneda de cambio vital.

El régimen de licencias puede interpretarse como una medida burocrática normal, pero el ritmo de aprobación y los requisitos impuestos envían un mensaje inequívoco. Esta ambigüedad le permite ejercer presión sin provocar una respuesta inmediata que derive en una escalada diplomática. 

China y la geopolítica de las tierras raras