Japón y el proteccionismo estadounidense: señales de alarma en el comercio internacional

La economía japonesa, tradicionalmente dependiente de sus exportaciones, tiene en 2025 un entorno comercial cada vez más complicado.

Según datos preliminares del Ministerio de Finanzas de Japón publicados esta semana, las exportaciones del país hacia Estados Unidos descendieron un 1,8 % interanual en abril, totalizando 1,77 billones de yenes (12.300 millones de dólares). Este retroceso marca la primera caída en cuatro meses y refleja con claridad los efectos acumulados de las políticas proteccionistas impulsadas por la administración Trump.

El sector automotriz, columna vertebral de la industria exportadora japonesa y uno de los sectores estratégicos con Estados Unidos, protagonizó una disminución del 4,8 % en el valor de sus exportaciones, quedando en 513.000 millones de yenes. Curiosamente, el número de unidades exportadas creció un 11,8 %, alcanzando las 125.817, gracias al aumento en la demanda de vehículos más económicos. Esta aparente paradoja tiene su explicación en dos factores: la apreciación del yen y un cambio en la composición de las exportaciones hacia modelos de menor precio.

El impacto negativo sobre el valor exportado puede deberse a un cambio estratégico de las empresas de vehículos japonesas, que en previsión de los nuevos aranceles de hasta el 25% impuestos por EE. UU., habrían optado por priorizar vehículos con menor margen para mantener la competitividad.

Así mismo, el sector siderúrgico ha sido uno de los más afectados por las medidas proteccionistas estadounidenses. Las exportaciones de acero japonés al mercado estadounidense se desplomaron un 29% en valor y un 20,3% en volumen. Estas cifras reflejan los efectos directos de los aranceles adicionales del 25% sobre el acero y el aluminio impuestos por EE. UU., en el marco de una estrategia más amplia para proteger su industria nacional y reducir la dependencia de proveedores extranjeros.

Pese a la caída en las exportaciones, Japón logró mantener un superávit comercial con Estados Unidos de 780.600 millones de yenes en abril, lo que representa un incremento del 14,3% respecto al mes anterior. Esta ampliación se debe en gran parte a una contracción del 11,6% en las importaciones procedentes de EE. UU., atribuido al fortalecimiento del yen y a la caída de los precios del crudo.

Este aumento en el superávit no necesariamente es una buena noticia, pues podría intensificar las críticas del gobierno estadounidense, que en reiteradas ocasiones ha acusado a Japón de mantener desequilibrios comerciales artificiales mediante una política monetaria expansiva que deprecia el yen.

En el plano global, Japón registró un déficit comercial de 115.800 millones de yenes en abril, el primero en tres meses. Las exportaciones totales crecieron apenas un 2%, una desaceleración con respecto al crecimiento del 4% de marzo y muy por debajo del ritmo de expansión necesario para sostener una recuperación robusta. Esta es también la tasa más baja desde octubre del año anterior.


Las importaciones, por su parte, retrocedieron un 2,2%, menos que la contracción del 4,5% que preveían los analistas. El retroceso generalizado en las importaciones obedece, entre otros factores, a una menor demanda interna, la caída en el precio de las materias primas y el fortalecimiento del yen.

Las tensiones comerciales llegan en un momento especialmente delicado para Japón. El país registró una contracción anualizada del 0,7% en su PIB durante el primer trimestre de 2025, arrastrado por una débil demanda interna y una desaceleración de las exportaciones que podría continuar si Japón no logra un acuerdo comercial antes de la pausa de 90 días en los aranceles decretada por Trump, lo que seguirá siendo un lastre para el crecimiento del segundo trimestre, y podría derivar en que el Banco de Japón posponga cualquier subida de tasas hasta octubre.

A esto se suma la creciente preocupación de que las empresas japonesas comiencen a aplazar decisiones de inversión ante la incertidumbre que rodea al comercio global. La industria automotriz, por ejemplo, produce más de 9 millones de vehículos al año en Japón, de los cuales aproximadamente 1,5 millones se destinan al mercado estadounidense. Además, más de 1,4 millones de vehículos fabricados en México y Canadá por marcas japonesas también se exportan a EE. UU.

En contraste con la caída en las exportaciones a Estados Unidos, Japón logró aumentar un 6% sus ventas hacia Asia en abril, aunque las exportaciones a China disminuyeron un 0,6% por la menor demanda de automóviles y componentes electrónicos. Esto evidencia tanto la necesidad como la dificultad de diversificar mercados en un entorno en el que incluso los socios comerciales más dinámicos enfrentan sus propios desafíos económicos.

Asia continúa siendo el principal destino de las exportaciones japonesas, pero la desaceleración de China, combinada con conflictos geopolíticos regionales, limita su capacidad de compensar las pérdidas en otros mercados clave como EE. UU.

Los analistas coinciden en que el comercio internacional está atravesando una transformación estructural. La globalización abierta, basada en normas multilaterales y aranceles bajos, está siendo sustituida por un modelo más fragmentado, centrado en acuerdos bilaterales, medidas unilaterales y una mayor intervención estatal. En este nuevo entorno, países como Japón se ven obligados a replantear sus estrategias exportadoras y diplomáticas. Además, parece poco probable que, aunque Japón y otros países logren un acuerdo comercial con EE. UU. Se recuperen las condiciones anteriores a la era Trump. La volatilidad en las políticas comerciales se ha convertido en la nueva norma, y cualquier recuperación económica deberá lidiar con este escenario incierto.