lunes. 15.08.2022

Empresas y seguros bien hechos

La empresa no puede despreciar ni minusvalorar el papel que juega una buena cartera de seguros bien estudiada y bien contratada. Se comenten muchos errores a la hora de suscribir cualquiera de los seguros que una empresa necesita para estar bien cubierto. Muchas veces, atendiendo a criterios y variables que nada tienen que ver con las necesidades de aseguramiento real de la actividad que desarrolla esa empresa.

 

Variables como la prima, o coberturas concretas que por casuística y experiencia anteriores, y que no son relevantes, pueden hacer tomar una decisión nada acertada para su negocio. Con las consiguientes repercusiones económicas.

 

En primer lugar no hay que despreciar el asesoramiento de un buen profesional, el cual nunca va hacer hincapié en el estupendo precio que te va a conseguir, y lo mucho que le va a ahorrar a la empresa en cuestión. Este es un gran error, que por desgracia, se comete con mucha frecuencia. Lo destacable y diferenciador de un profesional, como tal. Es que realice un correcto estudio de las necesidades que esa empresa en particular tiene. Centrándose, según la actividad de cada mercantil, en cuáles son los principales riesgos que puede sufrir y que magnitud cuantitativa y cualitativa puede llegar a soportar, como consecuencia de ellos.

 

Podemos resumir en tres, los principales errores a la hora de contratar un seguro, por parte de un empresario.

 

En primer lugar, es tomar la decisión de contratar un presupuesto u otro, poniendo por delante que el precio sea el más económico posible o mejor que el actual. Este es un gran error, ya que no se puede determinar la idoneidad de un seguro según su valor, pues en realidad lo que la empresa debe evaluar es su riesgo real, sus necesidades, límites y coberturas necesarias.

 

En segundo lugar, es no percibir la contratación de un seguro, como parte de la estrategia de Financiación del riesgo. La empresa debe ver su seguro como un complemento económico para hacer frente a los posibles desajustes financieros que un siniestro le pueda ocasionar. Y lograr así que el impacto de dicha contingencia sea el menor posible en su cuenta de resultados.

 

Y por último, es importante que el empresario conozca los riesgos y la exposición real que tiene ante posibles “accidentes” que pudiera tener. Y en base a esto, tener elaborado un plan de contingencia para minimizar su repercusión económica. Consiguiendo así, mantener la estabilidad económico-financiera de la empresa, ejercicio tras ejercicio.

Empresas y seguros bien hechos
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